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lunes, 21 de octubre de 2013

Feliz dia de la Lealtad, Lanata

Ellos dicen que la lealtad tiene precio. Que nos movilizamos por el chori y la coca, que estamos en política porque queremos no trabajar, que estamos en política porque queremos “currar”, recibir de arriba las dadivas del gobierno de turno. Que todo lo que hacemos, lo hacemos por nuestro grupito, para favorecernos a nosotros únicamente, o  que nos movemos porque el “pueblo” que decimos representar es un segmento que le damos respuesta para que nos voten. Y encima, ese “pueblo” nos vota porque nosotros le damos regalos a cambio que ellos dicen que ni siquiera lo merecen.
Sabemos que todo esto es mentira, y si ellos piensan así de nosotros, es porque los ladrones creen que son todos de su condición. Ellos son los que pagan para que se expresen en sus usinas masivas de comunicación mentiras disfrazadas en tono real. Ellos son los que les encanta recibir plata a cambio, y sumar fama y dinero como única búsqueda de poder, consiguiendo minutos y horas en las pantallas únicas de un monopolio de la imagen. Ellos son los que extorsionan a un país creyéndose superiores a las leyes, a la justicia y a los gobernantes y sus instituciones. Ellos son los que, básicamente, pagan para que se reproduzcan mentiras y desinformación. Ellos. Son ellos los que se movilizan únicamente por un rédito económico, por un beneficio económico son capaces de cambiar las políticas monetarias de los estados.
 Y aunque no lo creas, ellos son leales. En serio, ellos, los periodistas y formadores de opinión, trabajadores de esos grupos son leales a un grupo concentrado de medios que le paga miserias (si, miserias por las ganancias que suelen manejar) a cambio de escribir, de narrar, de poner la cara, el cuerpo y la conciencia a favor de una mentira. De una mentira interesada parcialmente en beneficio de su grupo. Porque hay una cuestión que no debemos olvidarnos nunca. Ellos defienden una corporacion de medios que tiene la ideología de una empresa capitalista, la explotación, la humillación y el adoramiento del poder y del dinero basándose en la mentira, la distorsión de la realidad y la opinión sin fundamentos. Por eso, quiero decir lo siguiente:
Feliz día de la Lealtad, Lanata.
Feliz día de la Lealtad, Bonelli.
Feliz día de la Lealtad, Van de Kooy.
Feliz día de la Lealtad, Tenenbaum.
Feliz día de la Lealtad, Nelson Castro.
Feliz día de la Lealtad, Kirschbaum.
 
Ustedes son los leales del Grupo Clarín.

domingo, 13 de octubre de 2013

Que duela, pero que no lastime

La lastima es esa sensación que uno tiende a tener cuando ve a otro en una posición sin capacidades, ni dotes, o reducido en sus herramientas. Es ese sentimiento doloroso que causan en el alma los padecimientos y desgracias de otros. La lástima es una sensación que puede provocar una posición complaciente donde el sujeto “lastimado” recibe el apoyo de los que sienten esa lastima. Es interesante la capacidad de la corporación mediática de  tratar a la Presidenta como alguien que no merecen darle lastima. Por eso, la corporación fuerza y usa sin cesar su principal arma: la psicológica.
 
Los órganos de propaganda siempre fuerzan a conmocionar el inconsciente provocando informaciones, análisis, noticias y sobretodo, sensaciones sobre el resto de los individuos. Pero esta herramienta  psicológica, manejada por otros individuos y corporaciones, con fines completamente  diferentes a promocionar el bienestar social, se convierten en una arma que mata, pero de a varios tiros.
La corporación mediática tenía un fin en esta semana. Tratar de que no se genere lastima por una operación de urgencia sobre el cráneo de nuestra Presidenta. La (mala) salud de los Presidentes latinoamericanos ha demostrado que la realidad mediatizada por la corporación no es tan negativa como se cree. Las demostraciones de afecto y cariño a los lideres en momentos terribles y trágicos mostraron que los gobiernos cuentan con una masa de militancia y organización detrás, pero también con un gran número de anónimos que apoyan los proyectos políticos. Si la corporación mediática no quiere generar lastima sobre la figura presidencial, es más, la niega y la muestra débil ¿a que le tienen miedo? ¿No será que sus esperanzas blancas no tienen nada asegurado?
La demostración mediatizada de que CFK está débil, que no tiene poderes, y que dejo al mando a un “corrupto”, muestran una vez mas, la desesperación de provocar un golpe más al interior del sistema político argentino. Los medios plantean y manipulan sus armas psicológicas generando esta neblina desinformativa buscando únicamente un fin: quebrar un gobierno. Golpearlo, humillarlo y sacarlo del poder.  Por eso, la herramienta principal con que cuenta la corporación mediática es esa capacidad de generar una sensación, buena o mala, al abrir el diario, escuchar un programa de  radio o al instante de prender la tele. La herramienta se convierte en un arma.
La campaña electoral vulnera la agenda política, convierte en hechos cuestiones que en otro momento no lo son, tapan hechos que en otros momentos lo son, y así sucesivamente. Y esta corporación mediática convierte en tapa lo que quiere o no. Se dijeron múltiples cosas alrededor de esta operación. Que esconden una enfermedad, que está enferma de poder CFK, que la internaron pero no la operaron ni nada ya que quiere que aparezcan como perdedores Scioli y/o Insaurralde, que durante su mes de reposo nos deja un presidente en ejercicio sin poder, etc. Todo esto deja en claro que la operación quirúrgica de CFK se convierte en una operación mediática ya que la herramienta psicológica que posee la corporación mediática es un arma mortal.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Psicopatia mediatica

¿Psicópatas somos todos? Somos todos, pero lo que sí sabemos es que los peores de ellos son los psicópatas con poder. El cuarto poder hoy día se maneja con su propia moral y sus propias leyes éticas sin importar el consenso social o las normas mínimas de convivencia dentro de una sociedad en su conjunto; al contrario, les da un cierto morbo modificarlas a su criterio empresarial. Por eso, cuando analizamos a los medios, hay que pensar que su psicopatía se distribuye masivamente a todos los sectores de nuestro país a través de las pantallas, de los artículos periodísticos y de sus voces opinadas.
Analizar a la corporación mediática como psicópatas no es desmerecer la verdad o tergiversar la realidad, sino simplemente es un breve análisis de lo que aconteció en los últimos 5 años de la vida política argentina y de lo que son posibles de lograr el “cuarto poder” en el proceso de alienación de la sociedad argentina. Ya que para todo psicótico, es necesario su neurótico.
Cuando hablamos de la característica de psicopatía en la corporación mediática lo que estamos tratando de ver es como este trastorno antisocial de la personalidad logra trasladarse a partir de los objetivos económicos y políticos de esta corporación.
Los “psicópatas mediáticos” no pueden empatizar ni mucho menos sentir remordimiento sobre las situaciones que generan, por eso interactúan con los demás como si fuesen cualquier otro objeto, los usan para conseguir sus objetivos: la satisfacción de sus propios intereses. La búsqueda incesante de la satisfacción de sus intereses y la cosificación del otro al rol de servidor de sus intereses obligan al grupo a tomar medidas extremas que tienen un tinte de placer y autosatisfacción.
 
 



 

Lo que consigue la “psicopatía mediática” es crear propios códigos de comportamiento, por lo que puede dejar de lado la conducta social general de un contexto histórico, por una moral propia con códigos propios. Y cuando hablamos de moral se impone la lógica del bien y del mal, para un psicópata el bien y el mal es propio y se circunscribe a la satisfacción de sus propios intereses. Por eso, el “maquiavelismo” de la corporación mediática los hace convertir en “príncipes” en la autosatisfacción de sus intereses económicos y “republicanos” en la palabra y la imagen.


También existe un problema en las necesidades de los “psicópatas mediáticos” ya que,  al no ser compartidas por el grupo social en su totalidad, no pueden ser comprendidas ni generar empatía, por situarse fuera de las leyes de la costumbre y del bien común, aunque estas necesidades son sentidas con fuerza e impelen a la acción del psicópata. La fuerza y la masividad se imponen a la racionalidad crítica.



Además, los “psicópatas mediáticos” poseen la característica de ser egocéntricos. Esto implica que el “psicópata mediático” trabaja siempre para sí mismo por lo que siempre está manipulando o esperando recuperar esa inversión en el futuro. De la misma forma su egocentrismo conlleva a la sobrevaloración de su persona, esto tiene atribuido una cierta megalomanía, una hipervaloración de su capacidad de conseguir ciertas cosas y la empatía utilitaria, que consiste en una habilidad para captar la necesidad del otro y utilizar esta información para su propio beneficio, lo que constituye una mirada en el interior del otro para saber sus debilidades y obrar sobre ellas para manipular.

 

Un “psicópata mediático” puede ser una persona simpática y de expresiones sensatas que, sin embargo, no duda en cometer un delito cuando le conviene por sus intereses y lo hace sin sentir remordimientos ni culpa por ello. La mayor parte de los “psicópatas mediáticos” no dudan en mentir, manipular, engañar y hacer daño para conseguir sus objetivos, sin sentir ningún remordimiento. Los limites se transfiguran, se cambian, todo sea por el objetivo a conseguir, inclusive los delitos pueden ser criminales. La violencia, la maldad, la premeditación, la sangre fría son características de esa personalidad.
 



Como bien dice Robert Hare, investigador sobre psicología criminal, “la sociedad no puede defenderse de los psicópatas, son ellos los que hacen las reglas”. Por eso, la única forma de poder ejercer un cierto control sobre la política “psicótica” de la corporación mediática es contraponer las mentiras, las falsedades y las tergiversaciones con la muestra de la realidad social y política. No todo lo que aparece en los medios es sagrado, eso ya lo sabemos, pero lo que no sabemos es que la “psicopatía” en general es incorregible, así que la labor de mostrar el otro lado de la corporación mediática, es un deber ciudadano, ya que esa “patología mediática” tiene al resto de la sociedad intoxicadas a través de la parcialidad de la información.